A la caza del lunes negro
05.03.2008
A lo largo de 91 años, desde su creación en 1896 hasta principios de otoño de 1987, el Dow Jones sólo cayó más del 10% en un día en dos ocasiones: ambas ocurrieron durante el crack bursátil de 1929. Cada vez que la bolsa registra bajas pronunciadas el viejo temor vuelve y con el la pregunta, será este un nuevo crack?
Nada en la historia del Dow Jones apuntaba la posibilidad de que pudiera desplomarse como lo hizo el 19 de octubre de 1987, cuando lo inesperado y lo inconcebible concurrieron: el índice se hundió un 22,6% e hizo estragos en las carteras de los inversores. Las ganancias de 201 días se volatilizaron en un solo día. Ese lunes, fue considerado como el cisne negro, es decir un acontecimiento atípico.
Javier Estrada, titular del Departamento de Dirección Financiera del IESE, estudia el impacto de los cisnes negros o hechos atípicos en los resultados a largo plazo de los mercados financieros. En “Black Swans and Market Timing: How Not to Generate Alpha” (”Cisnes negros y market timing: cómo no generar alfa”), analiza el fenómeno de las “grandes” oscilaciones diarias que para sorpresa de muchos, ocurren con mayor frecuencia de lo que podría pensarse y que si son de gran profundidad pueden llegar a anular las ganancias obtenidas por una cartera durante un periodo de tiempo largo.
Para el autor, los datos, obtenidos a partir de 160.000 resultados diarios de 15 mercados financieros internacionales, son categóricos: los hechos atípicos tienen un impacto masivo en los resultados a largo plazo. En las 15 bolsas analizadas dejar de cotizar en el mercado los 10 mejores días hizo que el valor de las carteras fuera de media un 50,8% menor que si se hubiera mantenido una inversión pasiva; y evitar los 10 peores días hizo que el valor de las carteras fuera de media un 150,4% mayor que si se hubiese mantenido una inversión pasiva.
Un ejemplo: 100 dólares invertidos en la Bolsa norteamericana en 1990 se convirtieron en 401 al final de 2006, pero haberse salido del mercado los 10, 20 y 100 mejores días habría reducido esa cantidad a 250, 172 y 22 dólares respectivamente.
Para Estrada el grueso de las ganancias se obtiene en una porción muy pequeña de jornadas bursátiles. Los inversores no obtienen sus ganancias a largo plazo de forma constante y sin contratiempos, sino que en su mayor parte son resultado de grandes subidas o desplomes. Estar en el mercado los días buenos y salirse los días malos es la clave para obtener resultados a largo plazo. Claro que las posibilidades de predecir con éxito qué días entrar o salir de los mercados son, casi nulas.
Estrada recomienda a los inversores que tengan en mente siempre las grandes oscilaciones y los cisnes negros existen: “los inversores deberían adaptarse a la existencia de los cisnes negros en lugar de intentar predecirlos”, aconseja.
Las que sí pueden calcularse son las consecuencias de un acontecimiento aun cuando se desconozca la probabilidad de que ocurra -por ejemplo, un terremoto en San Francisco o una inundación en Nueva Orleans-, y es en estos riesgos potenciales en los que deberían concentrarse los inversores. Por ello, una mayor diversificación reduciría la exposición a los cisnes negros negativos al tiempo que mantendría cierta exposición a los cisnes negros positivos.
Fuente: IESE
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