La cumbre del G20 celebrada los días 11 y 12 de noviembre en SEUL dio por concluidas las discrepancias entre China y Estados Unidos que, enfrascados en una férrea contienda en relación a sus divisas, concluyó con las declaraciones del presidente estadounidense.
Obama informó que todos los países deben realizar las acciones tendentes a garantizar un crecimiento sustentado y bien repartido.
Según el presidente Obama, la divisa china se ha devaluado por encima de su valor real, lo que sin duda perjudica a la evolución del resto de las economías en todo lo relativo a los tratados comerciales.
Tras esta reflexión del mandatario estadounidense, el G20 optó por aplazar las decisiones sobre la batalla por el poder que se libra en el mercado de divisas, hasta el ejercicio venidero a fin de poner en marcha una batería de normas tendentes a la regularización de las divisas.
Adicionalmente y al margen de las divisas, las políticas para consolidar la recuperación económica, se mantienen invariables por lo que podría decirse que la reunión del G20 ha vuelto a ser un punto de encuentro para los más poderosos líderes del capitalismo sin que en términos efectivos, podamos anunciar ninguna nueva acción.
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