Uno de los supuestos sobre los que se asientan las finanzas es que el inversor no se deja llevar por la pasión.
Lejos de ser verdad, podríamos afirmar que las pérdidas más grandes en términos de inversión se producen por actuar de forma impulsiva y motivada por la pasión. Las inversiones deben realizarse con lo que se conoce como “mente fría” y tras un exhaustivo estudio del tipo de inversión, comportamiento de la misma, gastos inherentes, evolución, etc.
Otra de las máximas es el uso de la estadística para los análisis de las inversiones, las estadísticas sirven para determinar el grado de volatilidad, riesgo, etc. de una inversión.
Ya en 1974 nos llegaron máximas comprobables en términos de inversión basadas en constantes asumidas como reales por la repetición. Así se piensa que si una inversión ha acumulado beneficios durante el año, el último mes será mucho más rentable.
Sin embargo en términos de inversiones, la máxima que si se ha comprobado fehacientemente es esa de “rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras”.
El punto de partida para realizar una inversión es la formación del inversor en el ámbito que pretende invertir, la elaboración de un método y el establecimiento de una estrategia que contenga los límites, plazos y objetivos esperados.
La estadística y la formación, continúan siendo herramientas aliadas de todo inversor.


